'El funeral' una comedia que te deja indiferente

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Crítica, Teatro

'El funeral' una comedia que te deja indiferente

Ni siquiera la gran Concha Velasco logra resucitar una obra que no está a la altura de su inmensa categoría.

Aprovechando unos días en la capital de España, nos hemos acercado al Teatro de La Latina a ver lo último de Concha Velasco, ‘El Funeral’, una comedia sobrenatural escrita y dirigida por su propio hijo, Manuel Velasco. Y, aunque teníamos depositadas grandes expectativas sobre ella, tras verla, solo podemos expresar un enorme desencanto y, mucho más, después de que en los últimos años Concha haya protagonizado dos de los trabajos más sobresalientes y premiados de su carrera. Sea como fuera, al final de la representación, el público se puso en pie para aplaudir y ovacionar a una de las actrices más importantes que ha dado el teatro español. Una cosa no quita la otra. Pero, lo que es incuestionable, es que ‘El Funeral’ no está a la altura del enorme talento que atesora esta señora de los escenarios, que sigue al pie del cañón a sus 78 años, tras superar recientemente una neumonía.

En ocasiones es una gran faena tener que escribir una critica negativa sobre una obra de teatro. No es mi estilo particularmente. De sobra es conocido el esfuerzo, el dinero y el tiempo que se invierte en una producción teatral, y no es plato de buen gusto hablar sobre las cosas malas de un montaje. Menos placentero aún es, cuando se trata de escribir sobre Concha Velasco, una de las figuras más grandes que ha dado el teatro español y, con toda seguridad, de uno de los últimos montajes de su vida. Por eso, me cuesta especialmente redactar estas líneas -las cuales llevo pensando algunos días- pero creo que son necesarias. Ante todo, he de ser honesto, conmigo, y con la gente.

Lo cierto es que el planteamiento de ‘El Funeral’ pintaba muy bien. La trama comienza con el fallecimiento de la gran actriz Lucrecia Conti. Una mujer que lo ha hecho todo en el mundo del cine, el teatro y la televisión, una figura muy importante en nuestro país. (En realidad, es el alter ego de la propia Concha Velasco). Por eso, el Ministerio de Cultura le organiza un funeral en su honor para que puedan despedirse de ella su legión de admiradores. En el centro de la sala, está situado el féretro de la actriz y, alrededor, un par de coronas grandes compuestas de flores blancas. Poco a poco van llegando sus seres queridos; sus dos nietas, el novio de una de ellas, y su representante de toda la vida. Al principio todo transcurre con cierta normalidad, pero a los pocos minutos, empiezan a suceder una serie de fenómenos paranormales e, incluso, aparece un fantasma.

Aparentemente la idea es muy divertida y esperábamos una comedia loca y tremendamente disparatada pero, a medida que fue transcurriendo la función, me fui desencantando. A mi juicio, ‘El Funeral’ es una comedia fallida de principio a fin, sin chispa, con un humor descafeinado y que está sustentada en un texto muy débil. Este es, precisamente, el gran lastre del montaje, la inexistencia de un texto sólido. Y, señores, si no hay una buena base, ningún actor o ninguna actriz puede sacar adelante su trabajo brillantemente. Nadie.

Y, es una pena, porque la historia reúne todos los ingredientes para haber sido una gran comedia. Pero, desgraciadamente, las pretensiones distan mucho de la realidad y ‘El Funeral’, no consigue embrujar con su hechizo, al menos, a una gran parte del público, porque también hay que decir, en honor a la verdad, que había bastante espectadores -en torno a una cuarta parte- que se partían de risa durante toda la función, con los gags y los sketches ideados por Manuel Velasco.

Partiendo de la escasa solidez del texto, es muy difícil, -casi imposible, podríamos decir- que el montaje llegase a buen puerto. Y, evidentemente, eso es lo que ocurre. (Por supuesto, siempre bajo nuestro punto de vista). Los actores parecen perdidos en todo momento, sin peso sobre el escenario, y ninguno de ellos consigue salir ileso del caos existente. Quizás es lo que pretendía Manuel Velasco en la dirección pero, desde fuera, se advierte un desorden total -que provoca que desconectemos en muchas ocasiones-. No se les puede reprochar nada a ningunos de ellos; ni a Jordi Rebellón, ni a Cristina Abad, ni a Clara Alvarado ni a Emmanuel Medina. Los cuatro hacen su papel de la mejor manera posible pero el agujero viene de más abajo, o de más arriba, según se mire. Lo cierto es que la puesta en escena tiene deficiencias considerables. Por ejemplo, se abusa de la interacción con los espectadores en el patio de butacas. Al principio, se hace divertido, pero luego cansa. También resultan excesivos la utilización de vídeos, los gags repetitivos (como por ejemplo, las continuas referencias a Buenafuente), y el caos que rige la puesta en escena en todo momento.

Ni tan siquiera Concha Velasco -con todo su carisma- es capaz de resucitar este montaje, nunca antes la vi con tan poco peso en el escenario. Algunos, quizás, lo achaquen su edad, pero la realidad es que ni el texto ni el montaje están a la altura de su inmensa categoría como actriz. Y, esto, es una verdad como un templo. Aún así, no me gustaría acabar este artículo con mal sabor de boca. Curiosamente, aunque no sea la mejor de sus obras, todos los espectadores de La Latina, al final de la función, se pusieron en pie para aplaudir, durante varios minutos, a una de las grandes estrellas del teatro español.

Es evidente que el público la adora y la quiere, y a la mayoría -no a todos- se les pasó enseguida el pequeño mosqueo por lo que acababan de presenciar, y la terminaron premiando con una sonora ovación. Ella, como siempre, quiso dedicar unas palabras de agradecimiento a todos los allí presentes y, sobretodo, a una joven polaca que había venido expresamente a ver esa función, regalando un ramo de flores a la interprete cuando ésta le invitó a subir a las tablas, rompiendo la joven a llorar al conocer a su admirada actriz. A Concha se la veía realmente feliz, muy cariñosa, y profesional hasta decir basta. Tuvo palabras de cariño para cada uno de sus compañeros, y confesó que, lo que más ama en el mundo es estar encima de un escenario, que allí se encuentra feliz -y vaya si se le nota-. Le deseo a Concha Velasco lo mejor siempre y, ojalá, antes de que se retire definitivamente, la podamos ver de nuevo en otro gran papel, porque muchos de los que escribimos sobre teatro y, yo particularmente, empezamos a amar este arte gracias, entre otros, a esta reina de las tablas.

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